En primer lugar, una buena noticia y una mala. La buena es que se puede empezar a jugar DreadBall sin gastar dinero. La mala es que esta opción queda coja por un motivo: las cartas, una parte que no es esencial en la dinámica del juego pero que sí aporta mucho interés al devenir de los partidos. ¿Y cómo empezamos a jugar sin gastar un duro? Lo primero es conseguir las reglas, ya sean la versión reducida que Mantic puso a disposición del público durante el lanzamiento en Kickstarter, o, si hay suerte, se pude conseguir la versión completa en Wargamevault, donde la tuvieron en oferta por Navidad (gratis y a cinco dólares). En el caso de contar solo con la versión reducida, es necesario ver los perfiles de cada equipo, que el autor del juego publicó en su propio blog. Lo segundo es apañarse un tablero, hay gente que ya ha diseñado los suyos propios y que los han colgado en el foro de oficial del juego. Lo tercero y último es rebuscar entre las miniaturas que uno tenga para usarlas de proxys a falta de nada mejor. El resultado puede ser similar a esto:
De esta forma, sin gastar un céntimo (dejando de lado los costes de impresión del tablero) se puede probar el juego y decidir si merece la pena invertir más dinero en él. En caso afirmativo, por 65 euros (algo menos si se adquiere en el distribuidor oficial en España: e-Minis) tenemos una caja básica con un equipo humano y otro de orcos y goblins, un árbitro, dos balones, 54 cartas, un tablero, 18 dados, diversos marcadores, hojas de equipo y, obviamente, las reglas. En la siguiente foto se puede ver el set que adquirimos para mi grupo de juego:
A lo que hay que añadir dos particularidades: que los equipos venían con 10 jugadores en lugar de los 8 que originalmente decían que venían con la caja y que de regalo también incluía un jugador especial llamado Wildcard.
Visto los precios de los juegos de miniaturas, la inversión inicial merece la pena, sobre todo si consideramos que en el caso de que haya más jugadores interesados solo necesitarán miniaturas para sus equipos propios, ya sean proxys u oficiales (que vienen en cajitas de 18 euros).